First we take Manhattan: la destrucción creativa de las ciudades

Sesión 2

Se vende ciudad

Reseña por Stefania Biondi

Santa Mari la Juaricua, Patrona y madre, Santa y Niña, protectora contra la gentrificación, Líbrame del desplazamiento, del desalojo, del incremento de renta, del mal inmobiliario, sálvame de la gentrificación. Con esta oración los habitantes de algunos barrios de la Ciudad de México esperan ampararse de los rampantes efectos perversos del urbanismo neoliberal. Una de las muchas formas de “resistencia creativa” que se oponen al proceso de “destrucción creativa” que alimenta cínicamente los procesos de gentrificación.

Daniel Sorando (Doctor en Sociología) y Álvaro Ardura (Arquitecto) conjuntan perfectamente los puntos de vista de las dos disciplinas para interpretar el más reciente y más desalmado mecanismo de injusticia e inequidad urbana puesto en marcha por las egoístas necesidades de reproducción del capital global.

En el libro <First we take Manhattan. Se vende ciudad> construyen un relato interpretativo del fenómeno de la gentrificación de alto rigor lógico y gran capacidad explicativa, que desentraña las etapas a través de las cuales un área urbana –predominantemente central e histórica- se transforma física y socialmente, con el consiguiente reemplazo de las actividades y poblaciones originarias.

El constructo teórico a través del cual se analiza el proceso se sustenta en la exposición de numerosos casos –ciudades europeas y estadounidenses- que, aunque ejemplifican la teoría, no restan universalidad a las categorías de interpretación propuestas. Estas mismas pueden sustentar trabajos de investigación destinados a entender el fenómeno en América Latina y en México, evidenciando analogías y diferencias.

El que los autores denominan como “proceso clásico de la gentrificación”, se estructura en cuatro pasos o momentos fundamentales: el primero, de decadencia del área urbana por el abandono por parte de las clases más ricas, sustituidas por grupos de más bajos recursos económicos. La segunda, de estigmatización: la inseguridad, la fealdad, la suciedad, el degrado, la mala fama son algunos de los ingredientes de este segundo momento, durante el cual es instigada una guerra entre pobres, en la que se enfrenta diversas formas de marginalidad. El tercer momento es el de la regeneración: palabra engañosamente positiva, que encubre las acciones públicas y privadas de grupos de poder (político y económico) que ven en las áreas centrales degradadas y denigradas una oportunidad de negocio. El cuarto momento incluye la mercantilización de las áreas como efecto de las acciones emprendidas en la etapa anterior; es en este momento cuando empieza la sustitución de la población originaria por una más interesante, más culta, más creativa, más emprendedora y más consumidora.

El proceso es por supuesto inducido y guiado por las fuerzas económicas y políticas que pueden obtener utilidades. Los casos analizados en el libro consienten identificar con claridad los agentes y las diversas técnicas por ellos usadas para provocar los cambios. El sistema financiero, el capital inmobiliario, las empresas privadas, las administraciones públicas, los nuevos consumidores y grupos sociales, los urbanistas cómplices, conforman el conjunto de actores inmiscuidos. Sus armas son diversas, según la etapa del proceso, y consisten en artificios que conciernen: al espacio físico, como la negligencia urbana o los cambios de usos; al contexto social, como la discriminación y la demonización; a la esfera económica, como las hipotecas y los cambios de estructura productiva; y también al ámbito legal (normas de protección del patrimonio), a argumentos técnicos (planeación urbana o proyectos urbanos), a aspectos culturales  (aura artística, civismo).

Resultado: una ciudad cada vez más desigual y excluyente, más auto-segregada y homogénea, más paradójica, en cuanto expresión de las paradojas e incongruencias implícitas en el proceso estudiado, como bien exponen los autores en la última parte del libro, sustentándose en los contundentes argumentos de Henry Lefebvre y David Harvey.

Pensadores, estos últimos, a los que debemos respectivamente la conceptualización del derecho a la ciudad y su actualización en la “aldea global”. Al derecho a la ciudad apelan los movimientos urbanos de resistencia que oponen el valor de uso del espacio –cargado de sentimientos y significados- al valor de cambio o de mercado, que alimenta los procesos especulativos y de gentrificación.

Entre la fe a la Santa María la Juaricua y las luchas sociales por el derecho a la ciudad se juega el futuro de muchas ciudades y, sobre todo, de su gente.

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Stefania Biondi cuenta con 32 años de experiencia profesional y docente, es originaria de Italia, donde se graduó en Arquitectura.

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