El amanecer de todo: Una nueva historia de la humanidad

Sesión 18

Tiempo y oportunidad: la historia de la humanidad

Reseña por Francisco Paillie Pérez

Bajo la premisa de que “la mayor parte de la historia de la humanidad se ha perdido irremediablemente para nosotros”, David Graeber y David Wengrow confirman el peso concreto del programa a lo largo de este libro. Casi todo lo que conocemos como historia es el resultado ideológico y especulativo de un mundo amplio y lejano. Tanto que no lo hemos podido casi observar ni describir con certeza.

El Amanecer de Todo es un experimento escrito a cuatro manos, en el que un antropólogo y un arqueólogo conversan desde sus disciplinas y, a veces, en contra de ellas, para proponer una nueva historia de la humanidad. Este ejercicio sostenido por más de diez años, cuyo propósito era escribir una serie de varios tomos, entrega en este único libro unas 500 páginas cargadas de inquietudes históricas, sociales, económicas y culturales, y más de 250 páginas de anotaciones y referencias. El texto se organiza en doce capítulos que sugieren un ejercicio circular para abarcar casi tres millones de años de historia.

El punto de partida es el tiempo presente, la desigualdad, la democracia y el fin de la historia. Para volver atrás hasta un muy lejano pasado desde donde desmitificar el progreso y la narrativa evolutiva del desarrollo, pasando por historias de lugares olvidados o sencillamente aún no reconocidos. Hasta llegar al nacimiento de las burocracias y la política contemporáneas. Desestimando, a través de pruebas científicas y evidencias arqueológicas, las supuestas verdades con las que, hasta ahora, hemos pensado a la humanidad.

El libro es también un recorrido por todo el planeta (África, América en el norte, centro y sur, Asia, Oceanía y Europa), que hace paradas especiales para reconocer “Nebelivka”, “Çatalhöyük”, “Jätinkirkko”, “Poverty Point”, “Göbekli Tepe”, “Urkesh”, “Urik”, “Mohenjo-daro”, “Teotihuacan”, y “Tlaxcala”, entre varios sitios más de cuya existencia poco conocemos. Este constante movimiento a través de latitudes es, además, un compromiso expansivo de las disciplinas científicas y de nuestra interpretación del mundo. Pues, conforme avanza el conocimiento, conforme se consoliden los intereses y capacidades, así como la inversión económica y la investigación en las distintas regiones del planeta, y conforme se liberan las dinámicas institucionales y coloniales que sostienen el control sobre lo que sabemos y lo que aún desconocemos, se tendrán que integrar nuevos saberes, ubicaciones, ejemplos de habitabilidad y evidencia de eso que hemos sido como humanidad.

Tres principios atraviesan el libro: el primero es que “una gran mayoría de relatos del curso general de la historia son sencillamente falsos”; el segundo que “la manera en que solemos contar la historia de la humanidad tiene terribles implicaciones políticas”; y el tercero que “el pasado se suele contar como un montón de tiempo soso en el que no ocurrió nada”. Por medio de estos, los autores establecen la propuesta de que la historia de la humanidad no ha sido siempre la historia de la desigualdad capital y del desarrollo prospectivo del homo economicus. Así mismo, argumentan que la tecnología contemporánea y los nuevos hallazgos científicos nos permiten hacer sentido de nueva información y nos responsabiliza de reconfigurar nuestras nociones de la evolución social. Mucho de lo que ha hecho la humanidad a través de su extensa historia es explorar alternativas y capacidades para contribuir a las decisiones sobre cómo vivir en grupo y sociedad, sobre cómo vivir juntos.

Tratar de escribir una nueva historia de la humanidad es, a su vez, tratar de escribir una nueva comprensión de aquello que entendemos por humanidad, sociedad y/o civilización. A fin de cuentas, si toda la historia ha sido construida a partir de interpretaciones y especulación, esta nueva historia, aunque cargada de evidencia, es también un ejercicio activo de imaginación. Trae consigo la capacidad de hacer en nuestra mente la imagen de que, tanto nuestro pasado, como nuestro futuro, fueron y pueden ser diferentes.

Siguiendo los preceptos del antropólogo francés Pierre Clastres, se busca subvertir la narrativa evolutiva de la historia de la humanidad, el orden imaginado de las cosas. Creemos que, por ejemplo, primero fuimos grupos de cazadores-recolectores, luego pastores y nómadas, luego rurales y campesinos, y por último llegamos al estado urbano y comercial. Suele ser que creemos que las cosas son así porque este es el devenir posible e inevitable entre lo que sabemos y conocemos. Pero ¿y si el tipo de personas que entendemos como salvajes (sencillas e inocentes) estuvieran libres de gobiernos, burocracias, clases dominantes y similares, no porque carecían de capacidades organizativas, sino porque en realidad fueron más imaginativas que el resto?

Quizás a lo largo de la historia han existido versiones alternativas de humanidad, verdaderamente libres, pero nos cuesta imaginarlo desde el presente. Tal vez ya en algún lugar del tiempo se ha resistido contra el poder arbitrario y la dominación. Quizás algunas sociedades sí han logrado organizar conscientemente otras formas de vivir.

*

Es difícil tratar de incluir en una corta reseña todas las dudas e inquietudes que el libro busca establecer. Entre las muchas resaltan: la tensión entre lo sagrado y lo ritual, el orden y el desorden, la producción y la acumulación, la propiedad privada y la agricultura, las herramientas y la tecnología, el poder y los sistemas de gobierno, la libertad y autonomía, y en general, la capacidad de rebeldía. El impacto de los procesos de domesticación del mundo natural, así como la arquitectura y las ciudades; y la relación confusa que tiene en nosotros la asimilación de que la acumulación material y los monumentos son aquello que dan muestra de la civilización. En el texto también aparecen discusiones sobre aspectos fundamentales para la vida en sociedad: la libertad, la civilidad y el cuidado.

A continuación, ahondo en tres de estas ideas, buscando enfocar mejor el valor de esta reseña:

Sobre la tensión entre el orden y el desorden
Los autores se sirven del término cismogénesis (la tendencia que tenemos a definirnos a nosotros mismos en contra de los otros) pues consideran que ha estado presente a lo largo de la historia, practicamente en cada ruptura de la que puede dar cuenta la humanidad. Estas cismas, que pueden iniciar de manera individual, pueden también ser transferidas a un grupo y, por ende, ser compartidas, normativizadas, institucionalizadas, burocratizadas, ideologizadas, hasta convertirse en el comportamiento acumulado de la interacción entre un individuo o un grupo de individuos para mostrarse ajeno de los otros. Estas divisiones se han establecieron en cosas tan simples como la dieta, nuestra relación con el mundo no humano, la manera de vestir, los idiomas y lenguas que hablamos, el tipo de arte que practicamos, las cosas de las que aparentamos estar orgullosos, la forma en que ejercemos el poder, el perdón y la violencia, e incluso lo que pensamos.

Así, lo que para algunos es orden, para otros es desorden; lo que para unos tiene sentido, para otros no lo tiene.

Y es curioso notar hasta dónde un desacuerdo menor puede llevar a un extremo divisorio tan intransigente, únicamente buscando demostrar el rechazo del punto de vista contrario. Para los autores, solamente en el ritual y el juego, las personas se permiten dinámicas de caos, pequeños momentos de anti estructura donde la efervescencia liminal favorece la emergencia de nuevas formas sociales en donde es posible encontrar más similitudes que diferencias. Si en la vida ordinaria estamos divididos los unos en contra de los otros y hemos levantado clanes, instituciones, estados e imperios para declarar nuestras diferencias, es en el juego y en lo ritual donde podemos cruzar la ficticia línea divisoria y ser, finalmente, iguales—como en el principio de los tiempos.

Sobre la tensión entre libertad y control
Las divisiones más tontas, así como las más complejas, han determinado hasta ahora las maneras en que nos organizamos como sociedad, el tipo de instituciones que erigimos, el tipo de poderes con los que nos habituamos a convivir, así como los niveles de violencia con que los estados suelen resolver estas cismas. En la actualidad, la principal manera en que un grupo de poder marca sus diferencias y define quién está por dentro o fuera de sus límites, es a través del control de la violencia, el control sobre la información y el conocimiento, así como el carisma del líder. Por el contrario, la libertad está caracterizada por la posibilidad de moverse, de desobedecer, pero sobre todo por la capacidad de reorganizar las relaciones sociales.

La amenaza de violencia, por esta razón, se ha vuelto la fórmula más confiable de los sistemas hoy en día y el carisma del líder la pieza clave para sostener el poder. Pero una cosa es lo que el poder afirma que puede hacer y otra lo que realmente logra. El estado, la institución, y el líder, no pueden existir sin la entidad llamada nación, sin su pueblo, sin el grupo, o sin individuos. Lo terriblemente llamativo es cómo, a pesar de que otra forma de historia humana es posible, a diario optamos por mantener un sistema enfocado en el poder, el orden, el control y la violencia.

Sobre la ciudad, la civilidad y la civilización
A lo largo del libro se remezcla la etimología de algunas palabras. Por ejemplo, se agrupan las palabras polis, política y policía. También se agrupan civitas, cívico, civilización, y civilidad. En este ejercicio la palabra civilización ya no deriva de la idea de la ciudad, como un lugar lleno de infraestructura, plazas, mercado, monumentos y poder, sino del reconocimiento de la vida cívica, de la coalición social y de la ayuda mutua para sostener la vida.

En este caso son la cooperación, la hospitalidad y el cuidado las verdaderas formas de vida civilizada. Es en los lugares de encuentro (en los espacios de intercambio y en las esferas de interacción donde otros modos de organización se sostienen), y donde podría decirse que los hallazgos más importantes de la arqueología moderna se han encontrado. Son precisamente estas redes vibrantes y extensas de hospitalidad y cuidado donde las civilizaciones han desarrollado sus principales tecnologías, desde los textiles, tejidos y cestería, hasta el torno, la industria de la piedra, la orfebrería y la navegación.

En esta versión de civilización, el devenir de la historia no es lineal, no está lleno de momentos de quietud o espacios vacíos y aburridos. Más que una secuencia ordenada de eventos (una revolución por aquí, un invento magnífico por allá, una obra de arte maestra, la conquista de un nuevo territorio, un nuevo libro, etc), la historia es un entramado de momentos críticos propensos a ocurrir. Y las sociedades que habitan esos tiempos están encausadas a transitarlos.

Sobre el tiempo pasado y las oportunidades del futuro
Los autores nos invitan a pensar en kairos, la palabra griega que define tiempo y oportunidad. A lo largo del tiempo, cosas que han sido reales han dejado de serlo: la magia, la ciencia, el mito y la historia se han difuminado múltiples veces. Es en esos momentos difusos donde el cambio es y ha sido posible.

Al desarrollar los medios científicos para conocer nuestro propio pasado, hemos puesto al descubierto la subestructura mítica de nuestras ciencias sociales. Lo que antes parecían axiomas incuestionables, los puntos estables en torno a los cuales se organizaba nuestro conocimiento, hoy en día se están desarticulando. “¿Cuál es el propósito de todo este nuevo conocimiento, si no es para remodelar nuestras concepciones de quiénes somos y en qué nos podemos convertir (…) si no es para redescubrir el significado de nuestra libertad: la libertad de crear nuevas y diferentes formas de realidad social?}”. “Las grandes estructuras míticas de la historia que hemos estado desplegando durante los últimos siglos simplemente ya no funcionan; son imposibles de conciliar con las pruebas que ahora tenemos ante nuestros ojos, y las estructuras y el significado que fomentan son vulgares, trillados y políticamente desastrosos”.

¿Cuál es el propósito actual de los nuevos hallazgos si no es el de cambiar la historia pasada? ¿Qué otra cosa nos queda que cambiar la historia que contaremos más adelante?

El amanecer de todo es, en sí mismo, un uróboro del tiempo. Transita la historia en círculo. Vuelve a narrar lo que ha sido y piensa en los retos que debemos sortear hoy. Advierte, además, sobre un montón de preguntas que no nos habíamos hecho antes como humanidad y, sobre todo, sugiere que las usemos para imaginar formulaciones distintas hacia el futuro. Algún futuro.

Compra el libro aquí.

Otros libros

Privatizar la Cultura

Privatizar la cultura
Reseña por Francisco Paillie Pérez
Privatizar la cultura es un esfuerzo meticuloso, realizado por la …

Ver artículo

Otros libros

La ciudad global

Conversación con Saskia Sassen a propósito del libro La ciudad global …

Ver artículo