Muerte y vida de las grandes ciudades

Sesión 21

Desde una banca

Reseña por Ricardo Fernández

El libro Muerte y Vida de las Grandes Ciudades se publicó por primera ocasión en 1961, después de más de tres años de trabajo que recogen más de una década de reflexiones de su autora, Jane Jacobs, una de las pensadoras urbanas más relevantes de la segunda mitad del siglo XX, y a quien me gusta describir como una reportera de la ciudad. El día de hoy, más de 50 años después de su publicación, este libro resulta fundamental para entender la ciudad contemporánea, pues pareciera que muchos de los fenómenos que Jacobs critica de Nueva York en la posguerra, siguen siendo parte de los vicios de planeación y construcción de las ciudades en muchas partes del mundo.

El libro tiene una extensión de más de 400 páginas, y está escrito en un tono crítico y elegante. Se divide en cuatro partes, cada una de las cuales está segmentada en alrededor de cinco capítulos cada uno. A lo largo de la obra, Jacobs analiza (critica) elementos urbanos de diseño, funcionamiento y gobierno, resaltando algunas de las características que considera fundamentales para entender la ciudad desde una perspectiva realista y humana. Utiliza el análisis de estos elementos para evidenciar que muchos de los preceptos de la planeación urbana, a la hora de construirse, resultan inefectivos para generar ciudades vibrantes. Resalta la importancia de la diversidad en las ciudades y critica el imperante entendimiento simplista de las mismas al proponer analizarlas desde una óptica de la complejidad. Propone además algunas tácticas para regenerar barrios que han decaído, así como algunas estrategias de participación ciudadana para salvar las ciudades americanas de lo que, desde el título, denuncia como su muerte.

El libro inicia con una conversación entre la autora y un amigo. La conversación describe dos puntos de vista muy diferentes sobre lo que es un barrio que funciona bien y otro que no. A partir de aquí, la autora aprovecha para contrastar lo que los planeadores urbanos han estado proponiendo como modelo de ciudad (sin gente en las calles, segmentado, zonificado) versus lo que ella ve que funciona a partir de ejercicios tan fundamentales como pasar sentada horas en una banca, analizando lo que sucede en la banqueta de una calle transitada. Su crítica inicial – y a lo largo de todo el libro – la lanza hacia el método de planeación de las ciudades modernas, realizado dentro de los despachos de urbanistas, quienes para Jacobs, están alejados de la realidad de lo que sucede en las calles. Los nuevos modelos que se proponen en esta nueva planeación dictatorial, considera Jacobs, están totalmente desconectados de lo que realmente ha funcionado a lo largo de siglos de construcción de ciudades en la historia de la humanidad. Para la autora, muchas de las reglas de este urbanismo moderno, se fundamentan en teorías que parecieran tener sentido en lo abstracto, pero que en realidad solo han acabado por generar espacios inseguros, estériles, sin vida. Recoge como ejemplo algunos de los nuevos proyectos de vivienda social que se construyeron en Nueva York y los contrasta con los barrios más tradicionales, para resaltar que la diversidad es uno de los elementos fundamentales de la naturaleza de las ciudades que funcionan.

Después de haber dedicado la primera parte al estudio de los elementos urbanos fundamentales de los barrios – las calles y sus parques – Jacobs aprovecha la segunda parte para resaltar la importancia de la diversidad y la complejidad en la creación de ciudades. Es en estos capítulos donde profundiza su crítica hacia los modelos de zonificación y los grandes proyectos urbanos de vivienda, los cuales no solo han prohibido un sinfín de posibilidades de acceso a los habitantes de los barrios de las ciudades, sino que han propuesto un modelo de ciudad segregado e inequitativo. Para Jacobs, la diversidad no solo tiene que ver con los usos de los edificios que componen el barrio o de la gente que vive en ellos, sino también en la edad y la forma que tienen. Este enfoque en el que la diversidad debe contemplarse como una característica que genere un sistema complejo, es lo que para la autora puede permitir la resistencia de un barrio a diversos embates sociales y económicos. Parte de esta diversidad se logra aumentando la concentración – densidad – de las personas en los barrios pues permite que haya siempre un número de personas en la calle – ojos – que promuevan comportamientos que den seguridad.

Las reflexiones de Jacobs sobre el diseño y la forma de las ciudades, están presenten en el discurso urbano contemporáneo, sin embargo, cincuenta años después, parecieran no ser realmente tomadas en cuenta a la hora de construir ciudad. La tercera parte profundiza sobre las dinámicas de declive y regeneración de las ciudades: ¿qué hace que un barrio que funciona, pueda dejar de hacerlo con tan solo disminuir su diversidad y la complejidad?, por ejemplo. Esta parte también aborda ejemplos de sitios que se mejoran de manera gradual y ejemplifica algunos mecanismos financieros que pueden servir como catalizadores para estos procesos – para bien o para mal. El último capítulo de esta parte tiene que ver con el dinero que se utiliza para invertir en las ciudades, caracterizándolo en tres diferentes tipos de dinero que tienen intereses ocultos detrás y, por ende, tienen efectos diversos – unos más drásticos de los otros. Para Jacobs, la mejor manera de financiar una ciudad, es de manera gradual, pues ella pide tener cuidado a lo que describe como “dinero cataclísmico”. La crítica que Jacobs hace de lo que ocurría en 1961 en Nueva York sigue vigente hoy y nos hace preguntarnos hasta qué punto el modelo económico de las ciudades, la manera en la que se financian así como la especulación inmobiliaria tienen gran responsabilidad de lo que al final se diseña, construye y habita.

La cuarta parte del libro aborda diversas tácticas de gestión de la ciudad, desde estrategias para el financiamiento de viviendas, hasta modelos de resolución de conflictos en audiencias públicas. Es en este capítulo donde se da la crítica más feroz en contra de la Planeación y la Gobernanza de Nueva York en ese entonces. Para ella, muchas de estas decisiones que se toman a nivel ciudad han perdido completamente la relación con la escala actual de la ciudad, por lo que el enfoque debe llevarse más a un ámbito barrial, decidido en la medida de lo posible, por los mismos vecinos que habitan los barrios. Lo descrito en esta parte es posiblemente lo que más contradice el modelo imperante en ese 1961, cuando los mega proyectos metropolitanos, de vivienda masiva, de grandes parques urbanos y autopistas urbanas, están teniendo su auge con la gestión de Robert Moses, la antítesis de Jane Jacobs.

Muerte y Vida de las Grandes Ciudades es un libro que cualquier interesado en entender la naturaleza de las ciudades, lo que funciona en un barrio y lo que se relaciona con su decaimiento debe leer. Y aún sin hacerlo, uno siempre podría intentar reproducir el método de la autora: coger una libreta y observar, desde una banca en la calle, lo que realmente sucede en la ciudad.

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Ricardo Fernández (@NuevoUrbanista) es Maestro en Urbanismo del Tec de Monterrey y Maestro en Sistemas por la École Nationale d’Ingénieurs de Francia. Es además co- creador del modelo de vivienda económica sustentable de Casas Geo y Promotora Residencial, se ha dedicado a la gestión y ejecución de proyectos urbanos públicos y privados con municipios y entidades federativas de México.

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