El derecho a la ciudad

Sesión 18

El Derecho a la Ciudad

Reseña por Carlos Mejía

El fantasma de Lefebvre recorre las calles de nuestras ciudades; cerca del cumplimiento de los cincuenta años de la publicación de El Derecho a la Ciudad, parecería ser que su pronóstico acerca de un movimiento urbano que iniciaría una revolución por ciudades más justas, más equitativas y dignas para ser habitadas, ya se está cumpliendo, en múltiples latitudes.

Henri Lefebvre fue un filósofo marxista francés, qué si bien inició su vida académica estudiando lo rural y las relaciones sociales que allí existen, su foco de interés se volcaría para centrarse ya no en el campo, sino en la ciudad. Haciendo uso de su aguda observación, se percató que lo urbano sería el siguiente campo de batalla lógico de la lucha de clases; sólo hubo de esperar unos meses para encontrar su verificación en las revoluciones estudiantiles del ´68, especialmente del mayo francés donde tuvo una activa participación en las calles a lado de sus estudiantes.

Poco antes de que el mayo francés estallará, fue publicado El Derecho a la Ciudad (Le Droit à la Ville), inaugurando de este modo la aplicación de la teoría marxista al análisis de la ciudad, especialmente en lo referente a la teoría del valor de uso y valor de cambio.

El libro inicia con una declaración, a modo de advertencia, Lefebvre ha llegado para criticar al sistema, al urbanismo de moda y a la ideología que rodea a estos, buscando romper con estos y así abrir un mar de posibilidades, sobre todo para problematizarlos y convertirlos en programa político, es decir, un programa revolucionario de acción.

A su paso por el libro, Lefebvre, elabora una acertada crítica hacia la filosofía de escritorio que se contempla en mirar el mundo desde afuera sin contribuir a transformarlo; para posteriormente cuestionar la tan de moda segmentación del espacio público (¿Les suena familiar?) y a los arquitectos que la promueven. Así mismo, nos introduce a la teoría del valor de Karl Marx y cómo puede esta ayudarnos a entender la lógica mercantil a la que está sometida la ciudad y nuestra vida cotidiana. Sin embargo, a pesar del gris panorama, no todo está perdido, Lefebvre propone una alternativa a todo lo anterior: abogar por El derecho a la ciudad.

Es indiscutible que los años han pasado por la obra de Lefebvre: muchas de sus críticas y observaciones pueden llegar a sentirse un tanto añejas o fuera de lugar, tal es el caso de su optimismo respecto al papel del Estado como agente regulador y ordenador del urbanismo y la desigualdad social, claro que tampoco hay que perder de vista que esta obra fue publicada antes de la caída del muro de Berlín y del fin del marxismo como meta-relato, lo cual en parte explica un poco su inocencia.

Sin embargo, es innegable que la crítica hacia la lógica capitalista de la ciudad cobra aún más vigencia en nuestra actual coyuntura, donde podemos notar cómo el derecho a la ciudad se va institucionalizando y legitimando pero como un discurso muy light, por ejemplo en la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad, donde queda por completo fuera del juego que la desigualdad y lo indigno de la vida urbana va muy de la mano con la ideología capitalista. Ante esto Lefebvre nos invita a visibilizar la ideología capitalista oculta en los discursos de las clases dominantes, a optar por la “utopía experimental” como crítica social; crítica que nos invita a luchar por ciudades no mercantilizadas.

Para cerrar quisiera decir que, si bien es cierto que este libro, como muchos otros que fueron pensados y publicados durante el clima de la industrialización, está cargado en mayor medida de ese pesimismo y tristeza acaecido ante el triunfo del modo de producción capitalista sobre cualquier otro, es innegable que Lefebvre recupera y revitaliza el lado humanista del marxismo a través de la esperanza. Prueba de lo anterior es terminar este magnífico libro citando una de las máximas de Marx para defender la idea de que construir un mundo mejor es posible, me refiero al pensamiento que señala que “la humanidad sólo se plantea los problemas que puede resolver”, dibujando de este modo una de las principales características del derecho a la ciudad: esa capacidad de imaginar lo imposible y percatarnos que esto realmente se encuentra dentro de los márgenes de lo materialmente posible. Siendo esto probablemente uno de los mayores legados de la obra de Lefebvre.

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Carlos Mejía (@cafetarlero22) estudió la Licenciatura en Derecho, y ha colaborado en diversos proyectos sociales y culturales, especialmente en temas relacionados al ciclismo urbano. Colabora en el Observatorio de Movilidad Sostenible de Mérida y en la Red Nacional de Ciclismo Urbano de México. Es ciclista urbano por convicción política. Los Derechos Humanos, la ciudad y la movilidad son algunos de los conceptos indispensables en su vida.

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